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La tradición de elaborar aguardiente de orujo en Liébana se remonta a la actividad viticultora de los monasterios de esta comarca en la Alta Edad Media.
Durante la época, escritos que se conservan denominaban al vino como acqua vitae, en cuanto que, creían ellos, el líquido que eran capaces de extraer destilando vino, seguramente procedería de la mismísima Divinidad. Los monasterios de la época fueron escenario de muchos experimentos al respecto, y al parecer los monjes trataban de encontrar esencias mágicas con fines puramente curativos.
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